Lo que siembras, eso mismo cosecharás
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” Salmos 126:5-6
Hay una práctica que me gusta aplicar, se llama empatía. Y el aplicarla me permite acercarme más al carácter del Señor. Me gusta
ponerme en los zapatos de mis hermanos y el hacerlo hace que crezca el
amor de Cristo en mí. Admito que en ocasiones el tener esta empatía,
afecta mi relación con mi yo, y en otras muchas ocasiones afecta también
mi comodidad. Pero, he comprendido que lo que siembras, eso mismo
cosecharás. Y si yo tuviese empatía con mis hermanos, de una u otra
manera el Señor lo sumará a mi cuenta.
Me gusta extender la mano al necesitado,
porque a mí me extendieron la mano y sé lo duro que es encontrar
alguien con el amor de Cristo dispuesto a ayudarte. Me gusta
desprenderme de lo mío con tal de dar una sonrisa o aliento a un
hermano, al fin y al cabo sé que mi Padre me sustenta. Me intereso por
aquellos hermanos que el Señor pone en mi camino, tal vez no sea su Líder o Pastor, pero a mi Dios le agrada que les cuide. Me gusta dar la milla extra, pues sé que hay un Dios justo en el cielo que hará que llegué pronto a mi destino. Me gusta estar atento a las tareas que me asigna mi Jefe, púes deseo que mis subordinados se agraden en servirme.
Acostumbro escuchar
toda palabra que me habla mi Señor, pues sé que si ha caído en tierra
fértil, a su tiempo le cosecharé. Acostumbro agradecerle a mi Dios por
toda dadiva, por pequeña que me parezca, aunque en ocasiones pareciera
que no hay nada que agradecer, púes sé que como Padre; Él quiere un hijo
agradecido.
En muchas ocasiones he acatado órdenes
que no son de mi agrado, pero sé que a mi Dios le agrada que respete su
autoridad y Él hará que respeten en su momento la mía. En muchas
ocasiones no estoy de acuerdo con los designios de mis padres, más sin
embargo debo sujetarme, no sea qué en mi descendencia exista rebeldía.
En muchas ocasiones he sometido esa carne que tanto adoraba, pero Él ha
sido justo y hoy puedo fluir en el espíritu.
Es muy simple, siembra amor, cosecharás amor. Siembra indiferencia, segarás indiferencia.
No pretendas cosechar bendición, cuando solo maldición ha salido de tu
boca. No pretendas segar rojos tomates, donde has regado solo espinos.
Yo te invito hermano a seguir trabajando
esa tierra con amor, a que día a día la riegues con empatía y a su
tiempo lo que te ha costado sudor y lagrimas; con gozo segarás. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” Salmos 126:5-6
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Atte:
JAS (Juventud Alcanzando Sueños)